10/1/16

Imposibles

Hace mucho frío y camino despacio disfrutando del aire que me despeja . 
No pienso en nada, caminar por las calles del viejo Toledo es reconfortante. 
He tenido que ir ha hacer algunos trámites inevitables y para no desperdiciar 
la mañana me he ido a tomar un helado en la plaza de Zocodover .
Luego me iré a la Biblioteca del Alcazar tomar un café en el bar de la última 
planta .Me encantan las vistas de Toledo desde allí y me daré una vuelta por los 
pasillos y sus obras de arte.
Aunque parezca insano, los helados saben mejor en invierno, y es un placer 
que disfruto cada vez que puedo.  
Estoy mirando sin mirar a los turistas , hay de todas las ¿clases?  negros, 
asiáticos, normandos, franchutes, árabes y americanos del norte y del sur y 
seguro que a otros que no reconocería ni queriendo de donde son. 
Los sonidos son tantos, que te fijas en sus indumentarias. Me entra el pánico 
cuando alguien se acerca a preguntar por algo, yo disfruto de Toledo pero 
no sé direcciones ni nada que me haga una buena guía turística, yo simplemente 
camino y voy entrando en los lugares que siempre visito, que son muchos, la historia 
te apabulla y lo mejor es que todo está cerca, caminas por sus calles adoquinadas
hechas con mil recovecos, estrechas, muy estrechas, cuando viene un auto debes 
meterte en una puerta y el conductor con mucha pericia pasa a escasos centímetros 
de las paredes de esa especie de calle que en realidad es un callejón y sus 
paredes horadadas por miles de espejos lo testifican.
Además cuando los turistas te preguntan no siempre saben aunque sea un poco 
de español o inglés, entre palabras cortas, gestos y fotos quieren que les digas 
como llegar. 
Yo lo tengo estudiado al gesto que debo hacer, justo enfrente está la oficina de
 información de turismo, hay muchas y las tengo localizadas por si las moscas, 
y allí señalo o les dibujo como llegar a una y allí que se arreglen con los gestos 
o el idioma, aunque lo tienen más fácil, tienen mapas con toda la información. 
Yo suelo pedirlos para ubicarme cuando debo ir a un lugar específico más que 
nada para no perder tiempo o distraerme con otras cosas, hasta las tiendas que 
venden recuerdos son encantadoras, y sí, me distraigo hasta con las moscas 
por eso me pierdo a menudo en Toledo y no me importa.
Como les decía estaba lamiendo mi helado muy tranquila, miraba a la plaza 
distraída. Entre la gente creí ver a alguien conocido, pero se había ido, estaba 
segura que él me había visto, porque me sentí observada. No podía ser quien 
yo creía, vivía demasiado lejos, a un océano y una vida de distancia.

Siempre tenía la esperanza de que los sueños que me asediaban de noche y de 
día con un encuentro casual en las calles de cualquier ciudad del mundo se hiciese 
realidad, pero eso era algo que mi razón ponía en su lugar, ahí donde los imposibles 
se acunan y miman sabiendo que nunca crecerán y saldrán a brillar triunfantes 
como la quimera que logró ser a pesar de la lógica que los aplasta siempre como 
un rito antiguo conocido en todo el mundo sin importar que grado de civilización, 
cultura o religión les asista.

Pero le había visto, la idea de que un imposible había logrado salir e intentaba 
caminar o tal vez correr me atrapaba la totalidad de mis pensamientos, intentaba 
recordar lo que vi, cerraba los ojos y volvía a mirar allí donde le vi. 
Nada , me reprochaba lo distraída que siempre miraba todo, nada me importaba 
ni me llamaba tanto la atención como para ver, solía dejar desvariar a mi mente 
inventando historias sobre la gente que pasaba. Cerré los ojos , alguien se 
había parado a mi lado, olía delicioso, y escuché:
-Hola princesa.
Creo que se me paró el corazón , mis ojos se llenaron de lágrimas y no quería ver , 
si le hablaban a otra persona no quería saberlo.
Si así era podía soñar un momento, a nadie le haría daño y parte de mi sueño sería, 
yo suelo tomar prestados esos momentos y luego transformarlos en algo mío solo 
por no dejar que el dolor de saber que lo que yo quiero es y será siempre imposible.
Me limité a seguir aspirando ese olor exquisito, pero estaba demasiado cerca y esta 
vez me habló a mí, en mi oído:
-Hola vida.
Abrí los ojos seguramente rojos por las lágrimas, y le vi. ¿Cómo se dice hola? 
Estaba muda , la mente en blanco y la garganta con un nudo que no quería dejar 
que dijera algo, algo como hola, creería que era boba.
Qué guapo, solo quería acariciarlo, que no se desvaneciera, que mis dedos pasaran 
por su pelo y sentir la calidez de sus labios.
Tú me mirabas con esos ojos tan penetrantes, mi cabeza repasaba cómo estaba 
vestida, mal peinada, la nariz roja por el frío y un helado que se escurría por mi mano. 
Me sentí fea y torpe y él , el era todo lo que quería en cuerpo presente y sin pensarlo 
me acerqué más y más. Quería besarlo. Quería sus labios, quería sus manos, 
quería amarlo.
Era esa sensación de urgencia, miedo y milagro.
Dije:
-Mi cielo.
Me pasaste los dedos por mis mejillas y secaste las lágrimas. Ninguno hablaba, 
no quería, me bastaba tenerte saber que podías ser por un instante lo que una 
vida entera me faltaría.
Yo soy de lenta reacción y solo le miraba, él me tomó de la mano y se levantó , 
tiró de mi y sin decir nada me llevó entre la gente, no me importaba adonde iba,
no me preocupaba perderme en esa maraña de calles que es Toledo, solo quería 
que no me soltara, que me soldara a su cuerpo.
Su paso era seguro, sabía el camino al lugar que me llevaba, yo solo pedía que 
fuese íntimo para poder besarle hasta desgastar las ansias, hasta embriagarme 
de su olor y ser una borracha que comete locuras solo con su amor.
Si, eras mi amor, ese que con resignación lo llevaba prendido en mis pupilas y 
amarrado a mi alma pero que en mi vida diaria nadie conocía, no existías para 
el mundo y como no eras a nadie le contaba las cosas que soñaba o hablaba 
contigo hasta el cansancio.
Quería llegar a dónde sea que me llevabas, párate, rogaba en silencio y bésame 
que me muero de ganas.
En una callejuela entraste en una puerta casi invisible, podía ser cualquier cosa, 
aquí nada parece un hotel, un bar o un museo, entras y te encuentras con algo 
hermoso o en ruinas.
Pasamos por una recepción, era un hotel, la placa seguro que estaba en un rincón 
del callejón o la puerta pero yo solo le miraba a él, poco importaba en qué 
lugar me encontraba.
Siguió con paso firme por un pasillo, escaleras estrechas y por fin una puerta, 
no entraste, nos paramos enfrente y me miraste esperando tal vez que yo te dijera 
que sí, que podías abrir, que si lo hacías ya no saldríamos de allí.
No podía pensar, no le pregunté cómo y porqué estaba allí, no podía pensar en 
otra cosa que no fuera en la necesidad de él, en que tenía miedo que se fuera, 
en que mi mente me jugara una mala pasada y en cualquier momento despertaría.
Entramos y al cerrar la puerta ya sabía que nada de dormida, me estaba besando, 
besando como yo quería, me acariciaba dándome vida, y sin poder evitarlo las 
lágrimas asomaron otra vez , no cabía tanto amor y pasión dentro mío, lloraba 
porque la felicidad existía.
Suave , muy suavemente empezamos a recorrernos,  parecíamos adolescentes 
ante un cuerpo nuevo, el nuestro y el del otro, no sabíamos cómo empezar, 
por dónde comenzar a temblar,  éramos dos amantes con un volcán que se 
nos antojaba usarlo para jugar,  la memoria de cómo hacerlo se había esfumado, 
solo queríamos poseernos sin miramientos, saciar la sed con tragos apurados del
 otro era necesario, luego podríamos hacerlo suave  cómo en mis sueños. 
La ropa se cayó y aún no sé cómo, era invierno, tenía de todo pero mis manos 
le desvistieron y él se las arregló para quitarme todo en muy poco tiempo, sus manos, 
que delicia sentirlas mías recorriendo mi cuerpo, desesperadas, apuradas por conocer 
cada rincón que yo ayudaba al colocarme muy cerca. Y las mías que se imaginaron 
tocar sus lunares, su boca, su pecho, delinear sus hombros, acariciar su espalda, 
lo estaban haciendo mientras mis ojos cerrados memorizaban su cuerpo. La cama 
era grande pero que importaba si solo necesitábamos el tamaño para un solo cuerpo, 
yo le deseaba tanto y él estaba encendido, despierto, lo empujé y me senté 
encima, necesitaba sentirlo dentro, muy dentro, era mío, era suya y quería que 
sintiera todo , todo lo que sentía, la necesidad animal que despertaba sin poderla 
encerrar, no quería parecer mojigata ni ser correcta, quería sacar todo lo que él
provocaba con su mirada, sus manos, su miembro erecto y suave, taladrándome 
sin piedad haciendo que me desesperara , pidiendo que su boca se adueñara 
de mis pechos. 
Me abrazó y de repente estaba  debajo de él, acompasaba sus movimientos 
mientras me miraba con ese deseo que hacía que mi espalda se arqueara 
pidiéndole más, hasta fundirme con él. Mis manos se agarraban a su cuerpo, 
podía oler su deseo, su lujuria que era tan mía como su cuerpo y yo tan suya 
como él quisiera que fuera. 
Todo mi mundo estaba en esa habitación y me estaba llevando al cielo y sentía 
que morir y renacer era lo que él me estaba haciendo vivir . 
Le miré y vi la cara que siempre imagine. Caí saciada sobre él, me beso 
suavemente, yo no quería hablar y tampoco él, solo quería abrazarlo que no 
se despegara de mi.
Quería descansar volver a empezar pero esta vez, recorrer cada centímetro 
de su piel. 
Por mi podían encerrarnos y tirar la llave y dejarnos para siempre allí. 
Nada en el mundo podía hacer que me despegara de quien tanto añoré.
Aún no sé si sigo en la plaza con  los ojos cerrados soñando despierta como tantas 
veces hago, pero su olor , su calor, su mirada, sus manos y esta sensación de 
plenitud no pueden ser inventadas.
Dime amor, dime que lo imposible le ganó a la razón.



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