19/1/15

Elegir un camino.

TE ROBO UNA FRASE VII
La frase es la siguiente:
 Nadie respondió. El viento suspiraba entre los árboles, haciéndoles emitir susurros misteriosos. A la sombra oscilante de los olmos que se alzaban del otro lado del muro podía ver la lápida de Hubert Marsten. —De Stephen King, sacada de la novela: El misterio de Salem’s Lot. 


El viento sibilante , las nubes tapando a medias la hermosa luna que iluminaba de tal forma el pueblo que se podía apreciar la soledad de las calles, una que otra luz encedida en las casas mas alejadas. 
Desde la muralla contigua al cementerio,donde yo estaba,podía apreciar la cobardía de un pueblo que no quiso ayudar a uno de los suyos cuando más les necesitaba.
Fueron meticulosos al decidir encontrar un motivo para no estar en el lugar de aquella fatalidad.Todos sabían de la vendetta que le habían jurado aquellos indeseables cuando robaron la casa de los ricachones del pueblo.
El vio y denunció, cumplió con el protocolo de reconocer a cada uno de ellos. La noche del robo era como esta, clara y luminosa, ideal para ver sin querer. 
Lo que hizo después fue por voluntad, por ser buena persona porque en aquella casa nadie vivía en esa época, a nadie hubiesen lastimado al entrar por la fuerza.
Y tuvo que ser él, precisamente, el único que se animaba a mediar en una pelea, a calmar los ánimos en el bar de siempre , a sacarle hierro a las situaciones comprometidas y hacer que el otro entendiese la posición del de enfrente.

Estoy clavado en este lugar mirando hipnotizado la paz que se respira o que yo creo que hay. Hoy le enterraron, nadie apareció por el cementerio, no sé si por vergüenza o por miedo a que los delincuentes le asociasen con el muerto.

Ya no importa, el cura venido de otro pueblo habló con admiración y respeto de unos valores morales que hoy si se puede se entierran y conste que no hablamos de religiones, ni de educación en buenas escuelas, solo de la ética que todo ser humano trae dentro. No sabía si era religioso, pero por las dudas pedimos la bendición al cura. Allí estábamos el cura, el enterrador y yo. Tres personas de todo un pueblo y dos ni siquiera eramos de allí, vine por orden de los de arriba a investigar por tratarse de un caso que involucraba en cierta medida a la familia dueña de la casa robada y que se sentía en deuda con aquel que dio la cara en esta época de cobardía extrema. 

Cabe decir que no siempre la cobardía es la razón de no ayudar, a veces solo es cuestión de supervivencia o de prudencia, tampoco hay que ser un suicida en cuestiones de dar auxilio en situaciones extremas, pero hay otras muchas que claman al cielo, como hacer oídos sordos a la violencia familiar que nadie parece conocer hasta que ven salir en una bolsa negra al o la pobre que tal parece era muy buena.

Mi cabeza piensa y piensa  cómo un pueblo entero pudo encerrarse en sus casas y dejar que tres hombres hicieran de su vecino un saco de boxeo, yo vi su cuerpo deformado como si cien elefantes lo hubiesen pisoteado hasta licuarle los huesos, era inhumano lo que le hicieron. 
Nadie salió a defenderlo, nadie llamó a la policía , nadie le conocía, aunque estoy seguro que miraban detrás de las cortinas.

He decidido que encontraré a los asesinos, ya no porque merezcan que se pudran sus huesos en una celda, solo para que la muerte de una persona no haya sido un desperdicio achacado a la mala suerte. 

Estaba abrumado por el silencio y sin pensarlo grité al pueblo
-¿Por qué? ¿Por qué?
Nadie respondió. El viento suspiraba entre los árboles, haciéndoles emitir susurros misteriosos. A la sombra oscilante de los olmos que se alzaban del otro lado del muro podía ver la lápida de Hubert Marsten.
que al morir dejó en 317 habitantes la población de aquel patético pueblo. 

18 comentarios:

  1. ¡Wow! Me dejas sin palabras. La historia me ha atrapado de principio a fin. He podido sentir el asco que sentía el protagonista por esos 317 habitantes del maldito pueblo. Y la admiración por el bueno de Marsten.
    El se iría con la conciencia tranquila, por haber hecho las cosas "como es debido", pero nadie merece un final así por ser un buen samaritano...
    Gran relato, amiga Amelia.
    Gracias por participar de nuevo!!
    Saludos!!

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    1. Gracias, Ramón y espero verte el próximo mes. Tu historia es buenísima, la leí de un tirón. Saludos!!

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  2. buenos dïas Amelia R muy lindo gracias me dejas sorprendido cada vez que cae algún escrito tuyo en mis manos gracias feliz semana: y desde a qui te invito al punto de encuentro de los sueños seria todo un honor para todos contar con tus lindos escritos desde mi corazón gracias

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    1. Buenos día, Isidro, muchas gracias por tus palabras y gracias por la invitación.Será todo un honor .

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  3. Muy buen relato, me mantuvo inmerso e intrigado hasta el final. Perfecto!!!

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    1. Muchas gracia Humoreo , me alegro que te gustase.Saludos.

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  4. Te he leído y tengo la sensación de que esa historia la conozco de hace tiempo. No tienes idea de lo comunes que son esos casos por acá. La gente tiene miedo de hablar, de ser solidaria y de ser incriminada. Ni en la delincuencia ni en la policía se puede confiar. Excelente relato Amelia. Gracias!

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    1. Muchas gracias, Patricia, creo que en demasiados lugares se mira para otro lado cuando toca ayudar.Un abrazo.

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  5. Terrible final, pero extrañamente es lo que suele ocurrir, el buen samaritano casi siempre se lleva las hostias. Error muy humano, se premia al golfo y se encarcela o elimina a las buenas personas. Saludos y feliz semana Amelia.

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    1. El ayuda sale escaldado, pero que satisfacción da hacer aunque sea ceder un asiento en un bus.Un abrazo Frank.

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  6. Muy buen relato Amelia, veo que abarcas tambien géneros como este. suerte en el concurso.
    Abrazos!!

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    1. Eres muy amable Alejandra, pero me cuesta mucho, los tuyos si que son relatos apasionantes.Un abrazo.

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  7. ¡Muy buen relato! Describes a la perfección los sentimientos del protagonista de la historia, espero que logre encontrar a esos delincuentes.
    Saludos.

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  8. Interesante..!! Me gustaría conocer la continuación de esta estupenda historia, Amelia..Engancha..

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  9. Me gustó tu relato, Amelia. Y no sé por qué me identifico con él... con el bueno... con el perdedor...
    Nos leemos. Un beso.

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